¿Sabías que cada centímetro de nuestra piel contiene casi un millón de bacterias? A este grupo de miles de especies diferentes de microorganismos, que colonizan no sólo nuestra piel, si no también nuestro interior, se le conoce como microbioma. Muchos de estos organismos microscópicos están con nosotros desde el nacimiento hasta la muerte e influyen en nuestro crecimiento y desarrollo.

Vamos a centrarnos en las bacterias presentes en nuestra piel.  Estos microscópicos habitantes participan activamente en la doble función protectora de la piel, como barrera física y como barrera inmunológica. Sin embargo, el mal uso de antibióticos, las radiaciones ultravioletas, los lavados frecuentes y los cosméticos agresivos, pueden influir en la composición del microbioma y alterar el equilibrio natural de nuestra piel.  Cuando esto ocurre, aparecen enfermedades inflamatorias, infecciones, alergias o enfermedades autoinmunes, como la psoriasis,  el acné, la rosácea y  la dermatitis atópica. Por ejemplo, en un cuadro de rosácea hay presencia de Demodex (ácaro) y Helicobacter pilori, en acné encontramos un aumento de Propionibacterium acne, y vemos también S.aureus en el 90% de las lesiones de Dermatitis atópica. Dicho de otra manera, cuando la barrera que forman nuestras bacterias amigas es agredida, es más fácil que proliferen otras más dañinas y a la vez, es más fácil que se escape el agua del interior, por lo tanto la piel reacciona, tiene menos capacidad de defensa y está más deshidratada, envejecida y vulnerable.

¿Qué podemos hacer para no romper ese equilibrio de la piel? Alimentar a esas bacterias (prebióticos)  y enriquecerlas aportando bacterias nuevas (probióticos).

La Organización Mundial de la Salud define un probiótico como un microbio vivo que es beneficioso para los humanos.

Seguro que ya habías oído las bondades de los probióticos ingeridos por vía oral para restablecer la flora intestinal, pues bien, también tienen un uso tópico para restablecer la flora cutánea.

Los probióticos ayudan a mantener ese delicado equilibrio y por tanto ayudan a mejorar tanto la resistencia como la defensa de la piel. Son también hidratantes y acondicionadores, un arma excelente para mejorar la irritación, calmar y reparar la piel, que ayuda especialmente a las pieles agredidas o sensibles.  Pero no sólo eso, al mejorar el ecosistema de la piel, mejora también  su oxigenación, lo que aumentaría la producción de colágeno y elastina.

En Herbera, lo tuvimos claro desde el principio y desde nuestros inicios hemos usado probióticos y prebióticos en nuestros productos. Los podéis reconocer en nuestras etiquetas con el INCI: Lactobacillus Ferment, Lactobacillus, Cocos Nucifera Fruit Extract y Leuconostoc/Radish Root Ferment Filtrate. En el primero, partimos de un sustrato de coco y en el segundo de rábano, a estos sustratos se le añaden bacterias del género Lactobacillus para que tras un proceso de fermentación generen proteínas que funcionan como conservantes naturales, proporcionando una protección de amplio espectro frente a bacterias, levaduras y mohos. Su uso nos permite  prescindir de otro tipo de conservantes, permitiéndonos fabricar un cosmético 100% natural y preservative free.

Podéis encontrarlos en nuestro Fluido Facial para piel sensible de rosa mosqueta y caléndula, en el agua micelar, contorno de ojos y las bbcream.

Ahora ya lo sabes: no sólo es importante mantener un equilibrio de la flora intestinal para prevenir enfermedades, también podemos cuidar nuestra piel con probióticos y prebióticos a través del uso de nuestros cosméticos.

#herberaseplanta

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