Llega el buen tiempo y vamos a disfrutar de meses de sol pero ¿cómo protegernos? Queremos tener un bronceado bonito pero también seguro. No queremos quemarnos ni tampoco usar para ello sustancias tóxicas que penetren en nuestra piel. Seguro que habéis oído hablar de filtros químicos, naturales, minerales, vegetales, físicos, con nanopartículas o sin ellas, pero ¿cómo saber que es efectivo y a la vez saludable?

Hoy vamos a intentar aclarar todas estas dudas:

Filtros químicos:

Son  sustancias químicas que penetran en las capas más profundas de la piel y cuya función es transformar la radiación solar en calor, pero también hacen que las barreras naturales de nuestro organismo contra el sol, como es el sudor, se paralicen y actúan a nivel hormonal en nuestro cuerpo. Los más comunes son la oxibenzona y la avobenzona. Aunque la Unión Europea los considere seguros en pequeñas proporciones, está demostrado que están dentro del grupo de los disruptores endocrinos de los que ya os hablamos en este post, además son culpables de numerosas alergias y reacciones. Por si fuera poco, no son fiables desde el punto de vista medioambiental, ya que contaminan y pueden ser muy dañinos para los arrecifes de coral.

Filtros físicos:

Son polvos minerales inertes que funcionan formando una capa en la piel que impide que penetren los rayos UV. No entran en nuestro organismo, actúan en forma de pantalla física. Los más usados son el óxido de zinc y el dióxido de titanio. Si esto es así de claro, ¿por qué no usa la cosmética convencional este tipo de filtros? La respuesta es sencilla: el resultado de la crema es más pastoso y dejan una pequeña película blanca en la piel. Para contrarrestar esto, y reducir el tamaño de estos polvos minerales al máximo se empezó a usar la nanotegnología, pero también se demostró que era perjudicial para la salud, puesto que es capaz de traspasar la membrana celular, por no hablar del daño medioambiental que pueden causar. Así pues, la mayoría de los certificados ECO no permiten el uso de Nanotecnología.

Filtros vegetales o biológicos:

Los que utilizaban nuestros antepasados. También bloquean el daño de los rayos UV, porque son capaces de evitar la formación de los radicales libres y además son potentes antioxidantes.  Sin embargo, no son capaces de hacerlo durante mucho tiempo y en las horas más peligrosas del sol. El olivo y la manteca de karité son los más efectivos como filtros solares naturales

¿SPF  15, 30 o 50? El SPF es una cifra numérica que expresa cuantas veces se multiplica la protección natural de tu piel expuesta al sol en un determinado tiempo. Esto quiere decir que si una persona sin ningún protector solar tarda 10 minutos en quemarse, con una protección con un SPF30 tardará 30 veces más de lo normal en quemarse: 10 x 30= 300minutos. Aunque lo recomendable es reponerlo cada 2 horas y siempre después de bañarte, de secarte o si estás haciendo deporte al aire libre y estás sudando mucho.

Lo ideal ya sabes, no te expongas al sol en las horas centrales (de 12:00 a 16:00) hidrátate bien y usa sombreros, gafas y sombrillas.

En Herbera muchos nos pedíais que formuláramos un protector solar. Y por fin este año, podemos decir que ha nacido SOLEÁ, el protector solar de Herbera, apto para cuerpo y rostro. Con protección alta SPF30 de amplio espectro frente a radiaciones UVB y UVA. Está formulada con filtros 100% minerales (no nano) y vegetales como son el olivo y el karité. Además está enriquecida con frambuesa y regaliz, ambos potentes antioxidantes que ayudan a frenar el envejecimiento cutáneo.

Con su textura dry-touch es idónea para cualquier tipo de piel ya que no da nada de grasa y se aplica muy fácilmente.

Por supuesto es vegana, biodegradable, respetuosa con la fauna marina y certificada por BIO Inspecta y PETA.

¡Estamos deseando que la probéis y verla por los bolsos de playa este verano! Tomar el sol de forma segura es posible!

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